Evolución de la biomasa
Evolución de la biomasa
El hombre desde el principio de su existencia ha necesitado energía, cuando el hombre aun era primitivo y solo disponía de los recursos que tenia a la mano, sin ningún proceso de transformación o refinación (recursos en su estado natural) recurrió al primer combustible utilizado por el hombre la madera y sus derivados, actualmente mejor conocida como dendroenergía, fue la energía que impulsó el mundo hasta la aparición de la industria moderna y la maquina de vapor que necesitaron de combustibles con mayor poder calorífico en un volumen menor, fue asi como algunos paises (los mas desarrollados), cambiaron su modelo energético al carbón, y posteriormente a los combustibles fósiles, disminuyendo así el uso de la biomasa hasta mínimos históricos, pero esto no aplica para todos los países, algunos países en vías de desarrollo aun ocupan la biomasa como fuente principal de energía.
| La gráfica muestra una estimación en la evolución de la demanda de energéticos desde 1800 donde se evidencia la relevancia relativa de la biomasa. |
Los biocombustibles
Frente las malas expectativas de futuro en
el mundo de los combustibles fósiles, las grandes multinacionales petroleras
como British Petróleum, ExxonMobile o Dow Chemical, gobiernos, centros de investigación y desarrollo, ya están invirtiendo en investigación para encontrar nuevas
fuentes de energía.
Cabe mencionar que no todos los biocombustibles nacen de las
mismas materias primeras y, según éstas, han sido clasificados por
generaciones:
Primera generación:
La primera generación, la más polémica de
todas, consiste en combustibles hechos a partir de biomasa procedente de
conreos comestibles, ricos en lípidos o en hidratos de carbono (componentes de
interés para la elaboración del diésel y el etanol) como el maíz, la palma, la
soja o la caña de azúcar. Esta generación comportó (y comporta) grandes
problemas sociales y ambientales, ya que el precio de los productos agrarios
subió desmesuradamente como consecuencia del aumento de la demanda de estos
cultivos para producir biocombustibles, dificultando aun más el acceso a
alimentos básicos para la población de países como Brasil o México, donde tuvo
lugar la llamada “guerra de la tortilla”.
Segunda generación:
La segunda generación de biocombustibles se
basa en materiales que no provienen de cultivos comestibles, sino que en su
mayoría son residuos de cultivos, como tallos, cáscaras, o pulpa y pieles de
frutas de las industrias productoras de zumos. Esta biomasa tiene un alto
contenido lignocelulósico, es decir, tiene componentes difíciles de degradar y
que proporcionan poca eficiencia en la conversión de estos en etanol o diésel,
lo que deriva en el principal problema de esta generación: un rendimiento
económico bajo, y ponerse a la altura para competir con los bajos precios del
petróleo es difícil.
Tercera generación: las microalgas
El campo en el que se invierte ahora es la
generación de biocombustibles a partir de microalgas, organismos unicelulares
fotosintéticos: son los llamados biocombustibles de tercera generación. En
realidad ya hace años que se investiga en esta posibilidad, en concreto hubo un
programa estadounidense generosamente financiado y fundado por el Departamento
de Energía en 1978, llamado Aquatic Species Program, que se dedicó a investigar
las especies de microalgas y las condiciones que producían un mayor contenido
en lípidos, así como la viabilidad de su cultivo.
Básicamente existen dos métodos de cultivo:
uno consistente en lagunas al aire libre con un circuito cerrado por donde
circulan el agua con los nutrientes y las algas, para favorecer el mezclado. El
otro método consiste en fotobioreactores, sistemas de tubos cerrados de
material transparente, colocados paralelamente y conectados entre ellos en
serie, por donde circula la mezcla. El fotobioreactor puede estar iluminado con
luz artificial, lo que comporta un aumento del coste, o con luz natural. En
muchos casos se puede pintar el suelo de debajo del bioreactor de blanco o de
colores claros para que refleje la luz y así el reactor reciba una mayor
iluminación. El primer método de las lagunas con circulación tiene limitaciones
al estar expuesto a cambios en las condiciones ambientales, así como a
contaminación biológica por parte de otros microorganismos competidores o
depredadores. El segundo caso del fotobioreactor aporta ventajas respecto a las
lagunas abiertas, ya que al estar cerrado es más fácil conseguir las
condiciones óptimas para el crecimiento de las microalgas, así como cultivos
puros. El principal problema es que el coste de inversión y mantenimiento es
muy elevado. En la recolección de los microorganismos, se lleva a cabo una
centrifugación para separar el agua de las algas, y este proceso a escala
industrial es muy caro. Finalmente, la eficacia de conversión de este cultivo
en biodiesel o bioetanol depende en gran parte del contenido en lípidos o
carbohidratos de las microalgas, que a su vez depende de las especies
utilizadas y de las condiciones a las que han estado expuestas durante el
cultivo.
La producción de combustible a base de
etanol se triplicó entre 2000 y 2007, y alcanzó una cifra superior a los 60 000
millones de litros, siendo en el Brasil y los Estados Unidos donde se registró
la mayor parte de este crecimiento. La producción de biodiesel, principalmente
a cargo de la Unión Europea, experimentó un aumento aún más pronunciado en el
mismo periodo, al pasar de menos de mil millones de litros a casi 11 000
millones de litros.

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